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Terapia narrativa: el poder de un cambio de relato

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SI BIEN ES SABIDO QUE ESCRIBIR ES REESCRIBIR, ¿por qué no plantearse escribir quiénes somos y qué nos sucede al reescribirnos? En esto consiste, grosso modo, la terapia narrativa: una herramienta que nos puede servir cuando vemos que un problema se nos atasca o lo mismo les sucede a nuestros clientes. La idea es darle otro enfoque para que emerja la posible solución. Todo un ejercicio de flexibilidad psicológica con resultados demostrados. (Trabajo de grado propio, en su día presentado con Sergio Navarro, adaptado para Sabio Placer).

 

Origen y marco teórico

Lo que llega a ser el desarrollo de la terapia narrativa tal y como la conocemos hoy en día data de hace ya décadas (la de los ochenta y noventa) y se creó fuera de las corrientes principales en psicoterapia mediante la investigación universitaria y los programas de entrenamiento, al margen de las terapias de counseling y clínicas. Esta tiene fuertes vínculos con la filosofía posmoderna (movimiento centrado más en los aspectos subjetivos y eclécticos que en las verdades inamovibles propias del racionalismo y del modernismo).

De hecho, se conoce la terapia que nos ocupa como terapia posmoderna a partir de la década de los ochenta. Las ideas de los autores posmodernistas le confieren el fundamento teórico de la terapia narrativa. Algunas de las ideas de la posmodernidad son:

  • La centralidad del lenguaje y del discurso.
  • No es ni buena ni mala, ni progresista ni reaccionaria.
  • La razón totalizadora y que organiza la realidad ha fracasado como modelo.
  • Somos fruto de nuestra cultura e influencias.
  • Construimos la realidad con nuestras narraciones.

 

Los autores más relevantes son el ya fallecido Michael White (1948-2008), terapeuta familiar y trabajador social australiano, y David Epston, neozelandés, profesor de universidad y director del Family Therapy Centre en Auckland (Nueva Zelanda). Ambos sostienen que los acontecimientos vitales repercuten al significado que tienen pero no llegan a determinarlo. El sistema social o discurso en el que los participantes les dan un conjunto de significados que gobiernan cómo los miembros de la comunidad interpretarán tales acontecimientos (Polkinghorne, 2004).

 

Temas en terapia narrativa

a) Hacer hincapié en las fortalezas del cliente

El primer giro importante o cambio de perspectiva es el cambio de estrategia que, en lugar de centrarse en las debilidades del cliente como fuentes del problema, a centrarse en las fortalezas de los clientes para solucionar dicho problema. Estamos ante lo que se denomina terapia centrada en las soluciones, se basa en las fortalezas, aptitudes y recursos dentro de la terapia, tal y como lo afirman O’Hanlon y Weiner-Davis. El cliente conversa acerca de las capacidades que pueden emplear para lograr cambios en sus vidas. Se habla más de cuándo no aparece el problema que de cuándo tiene lugar.

b) Ver al cliente y al terapeuta como un socio/coautor

Los terapeutas narrativos ponen en entredicho la idea de que los clientes son objetos que deben ser observados y clasificados por un terapeuta, un espejo unidireccional; en cambio, lo que se pretende con esta terapia es que se lleva el proceso como un equipo: uno de los miembros hace de observadores del trabajo terapéutico, mientras que el otro hace de terapeuta principal. Los observadores salen de detrás del espejo unidireccional de donde tiene lugar la terapia. Cada ciertos intervalos, los observadores animan a hablar a los clientes sobre su experiencia acerca de la terapia y el terapeuta. Por lo tanto, el control y la responsabilidad del trabajo terapéutico es totalmente compartida, convirtiéndolo en una actividad discursiva interpersonal.

c) Adaptación al enfoque constructivista del significado

Se basa en que los seres humanos andamos en busca de significados, es decir, en nuestras interacciones con el entorno, los demás y nosotros mismos hace que centremos nuestra atención en lo que aquello quiere decir, significa, denota, etc. Uno actúa en función de cómo comprenda las cosas, por tanto, las cosas no tienen significado en sí (como veremos más adelante).

Por otra parte, también se entiende que el significado se deriva del sistema social, lingüístico de la cultura en la que se está inmerso y que, también, de otras fuentes como la madurez, experiencias personales y el ambiente social. Todo esto hace que desarrollemos nuestros propios esquemas mentales.

d) Hacer hincapié en la narración o historia partiendo del significado

Por último, y no por ello menos importante, las historias personales, o narraciones en las que hablamos de nosotros mismos, las cuales enlazan los acontecimientos vitales a lo largo del tiempo, y que, por ende, pueden exponer la dimensión temporal de la existencia humana. Estas autonarraciones proporcionan el contexto en el que los acontecimientos de nuestra vida cobran significado.

En suma, cuando la historia dominante se deconstruye, la nueva surge desde la identidad del cliente, y esta se vuelve más rica, compleja e integradora que la antigua dominante e influida por la cultura (Polkinghorne, 2004).

 

Postulados de la terapia narrativa

El postulado principal de la terapia narrativa es que el paciente (llamado, en este tipo de terapia, coautor) es la persona experta en la historia de su vida. Este tipo de terapia se caracteriza por el uso de cartas, historias, cuentos, relatos, etc.

Centrándose en uno de los principales pilares del pensamiento postmoderno, la terapia narrativa se encuadra en la idea de que nuestro organismo no está hecho para percibir la realidad tal cual se da en la naturaleza, no tenemos acceso a la verdad natural (inspirándose aquí en la idea de noúmeno de Kant).

Por esa razón, en conexión con esta terapia, la persona debe construir relatos sobre su percepción del funcionamiento del mundo y, además, expresa que nuestra identidad está determinada por la forma en que contamos nuestra vida. En algunas situaciones, estas historias pueden chocar y contradecirse entre sí y el sujeto dará el predominio a una historia sobre otras, pero, sin embargo, no hay ninguna narración que pueda suprimir totalmente a las demás.

En el ámbito estrictamente terapéutico, el terapeuta se centra en que la persona genere relatos alternativos en los que el problema no sea la cuestión principal, evitando que la persona se identifique con una versión «saturada del problema» y este pierda el protagonismo en favor de otras narraciones alternativas más enriquecedoras. El terapeuta consigue todo esto realizando preguntas a la persona.

Otro aspecto esencial de esta terapia es la externalización o defusión: a través de este proceso se intenta que la persona relate el problema como si solo fuese un elemento más, separado de la persona, y que no define su identidad. Según el máximo credo de la intervención narrativa: «El problema es el problema, la persona nunca es el problema».

 

Apliquemos lo aprendido

A continuación, propongo el ejercicio de escritura «Buscar otra solución» (Adorna, 2013).

Dentro del enfoque de la terapia estratégica, las soluciones a las que suelen las personas recurrir para que su problema desaparezca son las que causan de que el problema se agrave en lugar de solucionarse; llegando este incluso a convertirse en una obsesión. Por ejemplo, en el caso de tener un problema ansiedad, al querer controlar los síntomas, dicho problema se convierte en un ataque de pánico.

Cuando una cuestión difícil para el cliente que se vuelve crónica y tiende a repetirse una y otra vez, merece la pena preguntarse por cuáles son las soluciones intentadas que se han convertido ya en un ritual o hábito y que no permite que se produzca el cambio deseado (Adorna, 2013).

 

  • Escribe el problema que quieres solucionar, que parece repetirse una y otra vez y que por mucho que lo has intentado, no se ha resuelto. A continuación, anota algunas soluciones que hayas puesto en marcha para su superación y que consideras que han sido desacertadas.

 

  • Si crees que esas soluciones no han sido efectivas o que han agravado el problema o provocado otros, piensa y escribe cinco maneras diferentes de actuación.

 

  • Por último, elige una de ellas e inventa una historia donde el protagonista se enfrenta con esa misma situación y pone en práctica la acción elegida. Si, una vez escrita la historia, descubres que la solución no es de tu agrado, prueba con otra de las propuestas.

 

Referencias bibliográficas

  • Adorna, R. (2013). Practicando la escritura terapéutica. 79 ejercicios. Bilbao: Desclée de Bouwer.
  • Payne, M. (2002). Terapia narrativa: una introducción para profesionales. Barcelona: Paidós.
  • Polkinghorne, D. E. (2004). Narrative Therapy and Postmodernism, en Lynne E. Agus y John McLeod (Eds.), The Handbook of Narrative Psychotherapy. Thousand Oaks, Londres y Nueva Delhi: Sage Publications.
  • Imagen. pixabay.com

 

 

 

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