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El camino del criterio propio: 7 pautas para alcanzar la fortaleza mental

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¿SIENTES QUE LOS DEMÁS SE APROVECHAN DE TI Y AL FINAL ACABAS HACIENDO ALGO QUE NO QUERÍAS? ¿Notas cómo mucha gente que admiras parece que tiene más fortaleza mental que tú? ¿Te cuesta trabajo encontrar sentido a lo que haces y, por ese motivo, no sueles acabar lo que terminas?

Te comprendo perfectamente. Yo también pasé por malos momentos en mi vida al acabar mi adolescencia, al comienzo de mis veinte. Es increíble la facilidad con la que nos autosaboteamos con el negativismo, el miedo a la incertidumbre y nuestro diálogo interno negativo.

Afortunadamente, gracias a mi experiencia, la ayuda recibida y todo lo que he aprendido durante estos años formándome, te voy a facilitar unas pautas prácticas para que superes ese posible mal bache, y así crees nuevos hábitos que potencien tu fortaleza mental. No obstante, en caso de que te sientas enormemente triste y apático durante más de seis meses, te aconsejo que no te aísles, busques ayuda y hagas terapia con un psicólogo clínico (y que él estime si te tiene que derivar al psiquiatra), además de seguir las pautas de esta entrada.

 

Los 7 hábitos que a mí me funcionan

  1. Conocerse a uno mismo y construir una autoestima sólida basada en hechos, éxitos previos y fortalezas personales. Para ello puedes preguntar a los demás (amigos, familiares, parejas, etc.) sobre tres cosas que haces bien y tres defectos tuyos. También debes escuchar tus emociones y aprender a gestionarlas (conocerlas, identificarlas, regularlas en ti mismo y en los demás).
  2. Desarrollar un criterio y pensamiento crítico propios. Tu certera intuición (que no es infalible), de forma que no te influya tanto lo que piensen los demás. Para ello, hay que leer mucho (de fuentes distintas), comprender temas que te interesen, responder a las preguntas sobre la vida o temas concretos que te formules y descartar cuestiones, cosas o amigos tóxicos que te hagan sentir mal. De esta forma sabrás cuándo un charlatán te quiere engañar o sacarte el dinero o no te creerás todo lo que dicen en la televisión. Véanse «falacias lógicas» y las «leyes de la persuasión», estas últimas del Dr. Robert Cialdini.
  3. Tener un propósito de vida y una escala de valores con los que te sientas bien. Está unido a los puntos anteriores: una vez que te conoces mejor y desarrollas tu propia forma de pensar, descubres tus valores que te van a servir de guía para que seas congruente contigo mismo; esto te permitirá hacer respetar tus límites al decir «No» en situaciones que no van con tu manera de ver las cosas o que te van a acabar perjudicando.

Cuando conoces tus límites y valores, y veas que alguien quiera abusar de ti, pedirte favores que no quieres hacer o te aparezca una tentación muy negativa, simplemente aprende a decir «No». No te preocupes si al principio te sientes mal; es totalmente normal porque creemos que la persona no le va a gustar o la vamos a decepcionar. Siempre tendrás esa pequeña sensación, pero al rato te sentirás mejor porque has sido coherente contigo mismo y sabes que no has cedido ante algo que te puede perjudicar. En esta situación (cuando quieren aprovecharse de ti), sí que es recomendable ignorar la empatía; tampoco debes dar explicaciones. En esto se basa este pilar de la asertividad.

  1. Tener apertura al conocimiento y a los demás. Atrévete a saber y a amar. Es de gran utilidad ser una persona abierta a la experiencia y con la curiosidad y capacidad de asombro activadas. De esta forma, te atreverás a tener experiencias en la vida, aprender de ellas y, por tanto, tener tu propia sabiduría. Por eso, huye de la rutina de vez en cuando y haz cosas nuevas que te apetezcan y sabes que no te van a perjudicar, aunque no tengas toda la información ni controles del todo la situación.

Hacer amigos (y practicar el networking), aunque no piensen 100 % como tú, es una de las mejores experiencias de la vida —como decía Epicuro—, y te va a servir de apoyo en algunos momentos difíciles o cuando busques trabajo u oportunidades de negocio. Por eso, te recomiendo tener la mentalidad de «dar primero», y no pedir algo a cambio. Al final verás que contarán contigo o te harán un favor que necesites. Hay que tener paciencia y sembrar.

  1. Desarrollar tolerancia a la frustración. Las cosas no salen siempre como uno quiere ni las personas nos van a tratar bien siempre ni todo el tiempo. Hay que aceptar la parte injusta de la vida y evitar caer en el victimismo. Otra manera de no frustrarse es no tener expectativas irreales o demasiado desproporcionadas.

Es mejor alcanzar pequeños objetivos primero, valorando nuestros éxitos previos y teniendo, sobre todo, toneladas y toneladas de paciencia. Todo objetivo ambicioso tiene sus contratiempos. Además, debes tener en cuenta que siempre van a surgir objeciones. Acéptalo como algo que forma parte del juego. La perfección no existe y nos priva de otras cosas valiosas de la vida.

  1. Ser optimista. Céntrate en las soluciones cuando tengas un problema y ocúpate de lo que dependa de ti en cada situación; y, si no es posible, gestiona bien las emociones causadas por dicho problema. Se trata de tener un locus de control interno (tus decisiones repercuten en el ambiente, y no el azar). De esta forma desarrollarás fuerza y entereza (resiliencia) ante la adversidad y no te dejarás arrastrar por el victimismo y la queja ante un problema, porque, créeme, problemas en la vida siempre van a haber. Son una oportunidad para crecer y desarrollar habilidades.

Eso sí,  ante una injusticia de tu empresa (no cumplir con los contratos) o del Gobierno (leyes injustas, corrupción), tienes derecho a ir a un sindicato para asesorarte y manifestarte si hiciera falta; ahí sí que tienes derecho a quejarte.

  1. Somos humanos (y vulnerables). Obviamente, lo anterior es una guía (que a mí me funciona), pero es normal cometer errores, y no siempre somos tan coherentes: fallamos de vez en cuando, ya que no siempre podremos mostrarnos fuertes y eficaces. No pasa nada: trátate con amabilidad, no te martirices ni uses un diálogo negativo contigo mismo («Soy un inútil», «Siempre me equivoco», «Tengo que»… lo podemos cambiar por: «No me he esforzado lo suficiente», «A veces me equivoco y siempre acabo aprendiendo», «Decido hacer»); y revisa tu estrategia para alcanzar tus metas.

Todos tropezamos en el camino y caemos en alguna tentación; lo importante es perseverar a largo plazo y no desviarte de tu camino trazado. Por eso, no te rindas nunca: el camino del éxito está lleno de «fracasos». Ten paciencia; no abandones. Acepta y valora lo que tienes, no pienses que solo serás feliz cuando alcances el éxito: se es feliz siempre en el presente, sin perder tu ambición por el futuro. No importan tanto los detalles de un resultado conseguido, lo que importa es si te acerca a tus objetivos vitales.

 

Conclusión: el comienzo de nuevos hábitos

Recapitulando, lo que te he propuesto son unas pautas para empezar a crear hábitos nuevos que te permitirán deshacerte de aquellos hábitos que te perjudicaban y minaban tu confianza en ti mismo (autoconfianza) y tu percepción de sentirte eficaz (autoeficacia).

Ahora empieza el trabajo duro inicial: poner en marcha los hábitos hasta que los automatices y no te supongan ningún esfuerzo mantenerlos en el tiempo. Por supuesto que hay más hábitos positivos como la meditación o practicar el agradecimiento; sin embargo, no pretendía ser exhaustivo, sino facilitarte algo como punto de partida, y así puedas recuperar el rumbo en el camino de desarrollar lo que te hace sentir único, orgulloso y feliz de ser tú mismo. ¡Adelante!

 

Imagen.  rawpixel.com (pexels.com).

 

 

 

 

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