neurociencias

Moscas del vinagre, cerebros y futuro

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HACE POCO LEÍ EN LA REVISTA Mente y Cerebro donde se hablaba de la cartografía del cerebro de la mosca del vinagre (drosophila melanogaster) mediante una técnica moderna cuyo resultado es sorprendente. Esto puede tener implicaciones a la hora de comprender mejor nuestro cerebro, con un millón de veces más de neuronas.

La noticia

Unos investigadores del Instituto Médico Howard Hughes (HHMI) han logrado rastrear los caminos que siguen las neuronas que van hasta el cuerpo de hongo de la mosca, una región del cerebro relacionada con la memoria y el aprendizaje. Lo importante de esta noticia es que se han logrado mediante la técnica Multicolor Flip Out (hilos de colores), una resolución nunca igualada y detallada de la conexión de cada neurona. Dichos investigadores usaron unos marcadores creados mediante la ingeniería genética, que consisten en iluminar las neuronas mediante la luz de láser. Pero, en lugar de darte más detalles, unas imágenes valen más que mil palabras.

 

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Imagen 2. Mapa cerebral de la ‘drosophila’. En naranja se describe un nuevo tipo de neurona descubierto que se comunica con las células de Kenyon (en turquesa). Se trata de una región del cerebro relacionada con el aprendizaje y la memoria.

 

Imagen 3. Mapa cerebral completo de la mosca del vinagre.

Importancia para el estudio del cerebro humano

Pese que estamos hablando de una simple mosca, el estudio de su cerebro puede arrojar luz en el estudio de nuestro sistema nervioso. Este animal tiene 100 000 neuronas y nosotros 100 000 millones; dicho de otra forma: al igual que en el volumen del Sol caben aproximadamente un millón de Tierras, la equivalencia sería muy parecida entre los dos cerebros. La drosophila tiene capacidades sorprendentes: es capaz de aprender y recordar, tiene conciencia de los lugares peligrosos y seguros; asimismo, entre otras peculiaridades, tiene un ritual complejo de cortejo (Bock, en prensa, 2018). Otro aspecto interesante es que compartimos el 75 % de sus genes y, por ello, se usa mucho en investigación por su coste mínimo y rapidez para hacer experimentos.

¿Has oído hablar del Proyecto Cerebro Humano (HBP)? Grosso modo, se trata de una iniciativa financiada por la Unión Europea con la que se pretende emular tecnológicamente el cerebro humano mediante técnicas avanzadas de supercomputación. Así, se conseguiría una gran comprensión de este y haría avanzar a la medicina, neurociencia e incluso a la robótica. Pues bien, con mapeos simples de insectos como el que nos ocupa, se pueden descifrar procesos como la capacidad olfativa, que, a su vez, podría emularse en robots siguiendo los mismos patrones del cerebro que esta mosca; o también patrones de vuelo y visión que podrían utilizarse en drones para que estos controlen las alturas, eviten obstáculos y aterricen de forma autónoma (Mediavilla, 2014).

Y aunque en el HBP se trabaja con macrocircuitos, el estudio de los microcircuitos de nuestra mosca del vinagre permite ver cómo emergen ciertos comportamientos. Se trataría de un enfoque complementario al de este proyecto (Mediavilla, 2014). Por tanto, esta cartografía cerebral puede ser de vital importancia.

Conclusiones

Ya dijo Heidegger que la modernidad reduce distancias y hace que sea más accesible lo infinitamente grande y pequeño. Estamos hablando del mapeo cerebral de un ser vivo más pequeño que la cabeza de un alfiler, pero, al igual que la fisión atómica y las bombas nucleares, esto tiene consecuencias muy importantes para la ciencia y, en última instancia, para ti y para mí. No sabemos hasta qué punto, pero al ser el cerebro un órgano tan complejo como el universo, cualquier pequeño sistema solar que se descubra puede traer consigo algunas aplicaciones en el medio plazo. Si alguna vez me llaman «cerebro de mosquito», me lo tomaré como un cumplido. 😉

Referencias bibliográficas

Imágenes 1, 2, 3.

 

 

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